Prudencia.
3 diciembre 2023 : San Francisco Javier
Murcia, sábado, las nueve, tiempo otoñal, cielo sin nubes en la Región. Nihil novum sub sole.
La isla redonda. Conocidas como las Islas Afortunadas, Las Islas Canarias son un territorio pequeño en superficie pero que tiene parajes de alta montaña, exuberancia selvática, largos cordales para caminantes, sendas escondidas de acceso a paradisíacas playas.
En el centro del archipiélago encontramos Gran Canaria, conocida como “La Isla Redonda” por su forma. Es un pequeño continente en el que podemos encontrar de todo en la variedad y espectacularidad de sus paisajes:
Además de su gente encantadora, que hacen de cada rincón una pequeña maravilla, es una isla con un relieve muy acusado y un litoral escarpado. El norte, húmedo y fértil, contrasta con el sur. lleno de desiertos y largas playas.
Entre la diversidad de cadenas hay que visitar el Roque Nublo, las dunas de Maspalomas, el Parque Natural de Tamadaba, el barranco de Guadayeque y Las Palmas, la ciudad más grande de las islas.
Y si no quieres la isla Redonda, te cuento lo que pasaba por Santana de Jumilla el
10 de agosto de 1980
Son las cinco de la tarde. Ángel, Miguel, Lina y su prima Isabel, se bañan en la piscina de goma. El baño no puede ser malo. El agua, el monte, lo natural, es buen. Los niños que viven sin normas restrictivas tienen que crecer sanos y fuertes.
Los animales carecen de normas en su libertad. Creo que la regla más feliz, más sensata, en educación física debe ser esa: “Haz lo que te venga en gana”. Cualquier otra puede ser perjudicial. Quizás por un azar podrá ser buena.
Los niños tienen la piscina a su alcance, se bañan cuando quieren, corren, saltan, sin órdenes, sin reglas, sin limitaciones. En el deporte hay muchos intereses creados: industrias, cargos, dinero, un mundo que vive a costa de los niños y de sus movimientos.
Hay deportes sanos como la carrera, la marcha, la natación, pero libremente, sin imposiciones, sin reglas de tiempo ni de materiales. Cada uno debe escoger libremente su momento, su lugar, sus condiciones. Lo que va bien a unos puede no ir bien a otros; incluso lo que hoy conviene puede no convenir mañana.
Y esa medida la marca exclusivamente la naturaleza individual. En este momento siento deseos de saltar y de correr: es entonces que debemos saltar y correr provechosamente. Dudo que las clases de gimnasia, los Juegos deportivos, puedan ser beneficiosos, si se está sujeto a horarios y a normas generales.
Convendrá a los mayores que viven del deporte como negocio, pero a nadie más. No es noble ni moral que algo tan importante como es la salud esté dirigida y gobernada por personas que miran solo el aspecto lucrativo de vivir a costa de ella.
Lo natural es bueno. Fuera aparatos caros, competiciones dirigidas, profesores de educación física, negocios de ropas, etc. Dejemos al niño en libertad completa. Cada vez estoy más convencido de que la prudencia es de un valor incalculable, sobre todo en las relaciones humanas.
Prudencia en el hablar.
La sociedad se compone de personas. Personas que viven juntas. Algo revueltas hoy, con intereses propios que debemos aceptar y respetar. Y ese vivir juntos produce a veces encuentros poco afortunados. Debemos ser cautos, muy cautos, en lo que decimos.
Nuestras palabras pueden ser metralla que se vuelva contra nosotros. Nuestras palabras pueden ser aprovechadas por otros para destruirnos. A quienes consideramos amigos, por envidia, o por soberbia, pueden volverse contra nosotros cuando menos lo pensemos.
Por ello, cuánto vale la prudencia en el hablar. El que es prudente cuida mucho decir nada que pueda ofender o que pueda ser interpretado mal. Me explico: la vida está complicada. Los ánimos exaltados, los nervios a flor de piel, la envidia suelta. Vivimos peligrosamente juntos.
Entonces es fácil que rocemos con los demás. Facilísimo y peligroso. En el encuentro surgirá la palabra, el grito, la ofensa, si no se pasa a la acción. Los nervios quedan sueltos y las pasiones descontroladas. Aún ganando en la contienda se habrá perdido.
El contrario quedará al acecho para destruirnos luego, para atacar de nuevo, para hacernos mal. Yo diría que debemos salir de casa como quien teme ser sorprendido, con sumo cuidado de no decir nada innecesario o comprometido, con cautela de que nadie pueda sentirse ofendido con nuestro decir.
Con prudencia. Para mí la prudencia es alejarse de todos lo suficiente para no pisar solares que no sean nuestros, respetar los terrenos que cada cual tenemos en la vida. Es importante saber no pasarse de ciertos límites.
Francisco Tomás Ortuño
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