La madre no sufre.
9 diciembre 2023 : San Juan Diego
Murcia, sábado, las nueve y nada nuevo sub sole. Día frío, pero sin nubes en la región. Sin nubes y, claro, sin lluvias.
PIENSA
- La enseñanza que deja huella no es la que se hace de cabeza a cabeza, sino de corazón a corazón.
- Un Maestro es una brújula, que activa los imanes de la curiosidad, el conocimiento y la sabiduría en los alumnos.
- Un sistema escolar que no tenga a los padres por cimiento, es una cubeta con agujeros en el fondo.
- En cuestiones de cultura y de saber, solo se pierde lo que se guarda; solo se gana lo que se da.
REFRANES, ¿en qué quedamos?:
- A quien madruga Dios le ayuda o
- No por mucho madrugar amanece más temprano.
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- A la tercera va la vencida o
- No hay dos sin tres.
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- El que la sigue la consigue o
- Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe.
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- La cara es el espejo del alma o
- Las apariencias engañan.
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- Ten cerca a los amigos, pero más a los enemigos o
- A enemigo que huye puente de plata.
LO PENSÉ Y LO ESCRIBÍ EL SIGLO PASADO
16 agosto 80 : EN EL CHALÉ
Arriba juegan al ping pon Miguel y Ángel Inocencio con sus primos Paco, Amós y Pepe, que subieron haciendo autostop.
Ayer estuvieron aquí José María y Santiago. Con ellos se bajaron los padres, después de quince días con nosotros.
La madre está mal: su zozobra aumenta, no puede descansar un momento. Bajaron a ver si en la casa se tranquiliza algo. Ha llegado a no conocer a los hijos, ni a decir nada acorde. El padre sufre, no se resigna a la evidencia. A veces le grita, pero sus gritos son de repulsa a la enfermedad.
Ayer, como digo, nos juntamos en Jumilla Santiago, Amós, José María y yo. Con nosotros los hijos y las mujeres. Un día que, en otras circunstancias, se habría celebrado comiendo juntos unos buenos gazpachos.
Pero la enfermedad de la madre nos tiene a todos de mal humor, sin ganas de celebrar nada. La madre no es como antes: es un hecho al que hay que resignarse. Amós dijo que es una tontería llevase a los padres a Cartagena: ni podrían descansar, ni dejarían a nadie hacerlo.
Es el gran problema que tenemos hoy. ¿Cómo resolverlo? El padre no puede atender a la madre; la madre no puede estar fuera de casa; los hijos no pueden vivir con ellos; todo un drama. De momento vamos saliendo con el chalet. Después, ya veremos. Creo que el tiempo nos dará la solución.
¿Sufre la madre? Esto me preocupa. Yo quisiera saber si ella conoce su estado; si vislumbra o sabe cómo se encuentra. Creo que no. Su nerviosismo, su zozobra, su intranquilidad, deben nublarle la mente para el sano raciocinio.
Cuando no conoce ni a los hijos, cuando no entiende de lo que se le habla, cuando no dice dos palabras con sentido, es que no está en lo que tiene, ni comprende su estado, ni siente lo que pasa. Creo firmemente que la madre no sufre.
Quiero decir que no comprende su situación, que no piensa, que está desmemoriada, que no conoce, que no es la de antes. Si esto fuera no cesaría de llorar, y ella no llora, ni ríe. Es como un animal que siente si le pinchan, pero que ha perdido la luz de la inteligencia.
Francisco Tomás Ortuño
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