Hágase tu voluntad.
30 de Noviembre de 2023 : San Andrés -¡Bendito mes, entra con los Santos y sale con San Andrés!-.
Murcia, jueves, casi las nueve, en mi rincón, noviembre se despide con buena cara en Murcia, con ropas otoñales y sin novedad en el alcázar que es lo más importante.
Anoche estuvo en el “Hormiguero”, que suelo ver, el novelista, académico y cartagenero Arturo Pérez Reverte. Dijo, entre otras cosas, que admiraba a Pedro Sánchez.
Dijo del Presidente español que era único en su especie, rara avis para escritores como él, que sabía hacer lo blanco negro y lo negro blanco; lo bueno malo y lo malo bueno; peligroso, en suma, para los aspirantes a ocupar la presidencia en la Moncloa.
Pasamos un buen rato oyéndole tanto el presentador Motos como yo y los cientos o miles de seguidores del Programa de la Cadena Tres “El Hormiguero”.
Y ahora te cuento lo que pasaba hace cuarenta años:
8 agosto 1980
Amanece un día nuevo en la historia sin fin de los siglos. O se ilumina un trozo de la Tierra, O, si quieres, cuando el sol baña de nuevo a España. El día promete ser de calor, como los que vamos teniendo. La gente llenará las playas, dejará sus pisos, hará kilómetros en coche.
Es día de fugas y de quietudes, de escapar y de llegar, de buscar un sitio fresco por los montes, o bañarse en el mar. La gente busca huir. Su mayor alivio es escapar, sin darse cuenta de que escapar es un sueño, una utopía, algo que no tiene sentido, que no tiene realidad,
Cuando se escapa se tiene la impresión de que vamos a otra parte, y no es así. La Tierra es tan pequeña que no ofrece rincones donde huir. Todo es la misma cosa. Huir es el sueño de los que no se encuentran a gusto donde están; de los que quieren, de los que tienen miedo.
Se huye de las cosas y de uno mismo, pero las cosas siguen ahí, y nosotros vamos siempre con nosotros. No se puede huir. Lo mejor es resignarse a quedarse uno donde está, a seguir viviendo donde nació. Las personas nacen en un lugar y en un tiempo; ese lugar y ese momento le marcan para toda su vida.
Es la fuerza de su sino, es el horóscopo de su historia, es el destino que le lleva inexorable de la mano a realizarse, a querer soltarse de sí mismo, a huir. Pero eso es locura. Sobre nosotros hay una fuerza ciega pero segura y firme que nos lleva a orar y hacer.
Por eso repito con delectación las palabras del Padrenuestro: “Hágase tu voluntad´”. Ese adjetivo posesivo encierra su misterio. Ese “tu” va dirigido a Dios, al Destino, al Segundo irrepetible de nuestro nacimiento, al mentor de nuestros pasos.
Ese “tú” es la misteriosa fuerza que vive por encima de nosotros y nos lleva a hacer o no hacer, a dar o a recibir, a conseguir o a renunciar, aceptando con agrado o con resignación, Esa voluntad que nos dirige, la recibimos de buen grado con acontecimientos de la vida y la sorpresa tiene su encanto.
Antes rozaba un punto que creo merece ampliarse: ese “hágase tu voluntad” encierra su filosofía o, si quieres, toda una forma de entender la vida. Yo quisiera que mis hijos se empaparan, se llenara de ese modo de sentir para ser felices.
Hay personas que navegan a la deriva, sin rumbo, sin meta, sin sentido, sin ilusión. A estas personas les falta, quizás, solo llenarse de este modo de concebir su existencia, dejar hacer la voluntad, dejar llevarse por la voluntad del “hágase tu voluntad” aceptar con gusto esa voluntad.
Si en la vida diaria, si en nuestros actos nos sentimos llevados por esa voluntad que dirige nuestra vida y los mundos y nuestros pasos y nuestros más pequeños movimientos y nuestros más nimios sucesos habremos comprendido esa filosofía profunda del “hágase tu voluntad “.
No es pesimista, no es fatalista; yo no quiero decir que debemos resignarnos a vivir la vida que nos llega misteriosa, inevitable, indesligable, no, aceptar la voluntad es vivir cada día nuestra vida, el momento, y sentir a nuestro lado la mano firme y amiga de un ser grande, superior, que nos guía.
Conocer con alegría que a pesar de creer que hacíamos lo mejor estábamos equivocados, es aferrarse con amor a la voluntad y querer sus mandatos, sus decisiones, sus cachetes o sus premios, es hacerse niño y dejarse llevar de la mano por el padre.
La filosofía honda y trascendente del “hágase tu voluntad” es una forma de vivir seguro, confiado, sin miedo, de sentirse acompañado por el más sabio y mejor amigo que pueda imaginarse, es tener a nuestro lado siempre a quien todo lo sabe a quien todo lo puede.
Es vivir confiado y tranquilo, sin tensiones ni miedos, sin resentimientos ni envidias; es aceptar como sabia la decisión de la voluntad que gobierna, es hasta jugar a conocer nuestras limitaciones, comprobando que la medida si acertamos o no en nuestros propósitos.
Es vivir sereno siempre. La filosofía del “hágase tu voluntad” es, si quieres, creer en Dios o creer en la naturaleza o en una fuerza superior que todo es lo mismo.
Ayer estuvo por la tarde José María. Vino con su mujer y con los dos pequeños, José Mari y Juan Fran como ellos dicen. La visita se repite ya varios días. Ellos lo pasan bien, ven a los padres, y nosotros los echamos de menos si no vienen.
Los actos repetitivos crean hábito, y este puede ser uno de ellos. Luego, sobre las 11:00 h, mamá estaba con 10 o 12 niños de la colonia en la puerta de la cocina. Yo veía un capítulo de “Cañas y Barro”, de Blasco Ibáñez, en la tele. De pronto, oí un estrépito fuera como gritos de miedo.
Pensé que se trataba de alguna salamanquesa o algo por el estilo, pero siendo poco corriente el griterío de los niños, me asomé. Enfrente, conforme se viene de los pinos chiquitajos, había dos fantasmones de pie, que eran los que producían el susto y los gritos de todos los reunidos.
Eran como dos hombres de la prehistoria, bien caracterizados, con una alfombra rodeando su cuerpo por la cintura, una careta de plástico con agujeros en la cabeza, y un embudo grande en la parte superior haciendo de sombrero.
Una broma de los vecinos Juan y Fulgencio, que todo quedó en risas. Después se entretuvieron en hacer con palos y trapos sendos monigotes simulando fantasmas. Francisco Amós y Mari Carmen fueron los encargados de ir a la casa de Valero con estos palos largos con cabezas.
Los vecinos Juan y Fulgencio y sus mujeres tomaban el fresco fuera, debajo de los arcos. El susto fue esta vez para ellos que celebraron con gritos y risas también. Pascuala y yo estuvimos después a tomar una copa con ellos. Se nos hizo bastante tarde. Juan me enseñó su coche recién comprado.
En fin, un día sin historia que pasó a la historia. Ahora oigo a Lina, a Pascual Jesús, a Miguel, a las dos hijas de Roque, a Ángel Inocencio, que se bañan en la piscina de goma. Es para ellos una gran fiesta. En mi cabeza nace la idea de construir una piscina de verdad al lado de la cochera.
Francisco Tomás Ortuño
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