Estocolmo.
28 noviembre 2023 : Santa Catalina Labouré
Murcia, martes, las nueve y sin novedad en el alcázar. Hoy te hablaré de Estocolmo:
Sabías que son muchos los encantos y maravillas de Estocolmo, pero quizás no sepas que la capital de Suecia fue fundada a mediados del siglo XIII y que es el segundo archipiélago más grande sobre el mar Báltico, con más de veinte mil islas.
Hay islas para todos los gustos: unas orientadas al turismo-de lujo, con mansiones y yates, y otras al ecoturismo, con cabañas típicas de madera. Algunas grandes y habitadas y otras pequeñas como residencia de una sola familia.
Los lugareños llaman Shargarden al archipiélago de Estocolmo, que significa literalmente “Jardín de arrecifes”, una referencia a las rocas que sobresalen del mar. Una de las mejores maneras de disfrutar de la ciudad es a bordo de un barco.
Además, la ciudad sigue siendo relativamente de poca altura y una de las más bellas ciudades de Europa.
6 de agosto de 1980
El seis de agosto del siglo veinte, escribí en mi Diario:
Las personas somos más complicadas de lo que a simple vista parecemos. Es difícil conocer a qué obedecen nuestras reacciones, nuestros actos, nuestros sentimientos. Hoy estamos de un humor y luego de otro. Ahora obramos de tal guisa y después lo hacemos de otra distinta.
Creo que hay un fondo, que es el mismo en cada persona cuando naces, y sobre ese fondo -tu identidad personal- juega tal cúmulo de factores que es muy difícil conocerte tú mismo, ni controlarlos , dirigirlos y dominarlos.
Y estos factores determinantes de nuestras conductas, de nuestros sentimientos, de nuestro modo de ser, brotan espontáneamente, aparecen y desaparecen por circunstancias fortuitas, ajenas a nosotros, de manera que somos incapaces de ser dueños y responsables de nuestro mundo espiritual.
Una noticia puede crear en nosotros reacciones en cadena, un gesto de otra persona puede remover nuestro siquismo de forma imprevisible. Es esto de tal magnitud que estamos sujetos en todo momento a los efectos que producen las reacciones de fricciones en cadena de nuestro yo con otros elementos.
Complejo y difícil el mundo de la persona. ¿Somos responsables de nuestros actos? Creo que muchas veces no. Más veces de lo que parece no tenemos culpa de obrar como obramos. Obramos por impulsos ajenos a nuestra voluntad.
¿Qué son los celos? Actos infundados que nos mueven a odiar y a matar. ¡Qué de problemas adivino que existen en los matrimonios! Si una persona es complicada, ¿qué será la pareja en continuo roce? Me explico, por como somos, que se odie, que se mate, que se viole, que se todo.
EL ABOGADO DEL DIABLO.
Estoy leyendo “El abogado del diablo”, de Morris West, que me dejó Amós en Cartagena. Me choca la frase que transcribo de la página 309: “Hubiera querido golpear a la mujer y ver las marcas de sus dedos acusadas en rojo contra su tez morena, pero no podía permitirse ese placer porque estaba obligada a ser diplomática y a usar sonrisas y disimulos”.
Hace unos días dije yo en estas hojas que debemos ser diplomáticos. Fue el día dos de este mes. Se corresponde exactamente a la idea expuesta por Morris West; corresponde a lo que hace un rato escribí en otra hoja: “Estaba obligada a ser diplomática”.
Quiere significar que debía pensar de una forma y actuar de otra, que debía usar de la inteligencia y gobernar sus actos, para vencer. Sonrisas y disimulo, palabras que yo usaba cuando hablaba del tema. Lo que me dice que Morris West pensó como yo de las personas, de cómo actuar ante los demás, de cómo vencer sin sobresaltos, sino con disimulo, con serenidad, con sonrisas.
Es curioso pero cierto. Las personas, desconocidas entre sí, piensan lo mismo. ¿No cabe pensar que la materia de nuestro entendimiento es la misma en todos los humanos? Podemos pensar lo mismo, pensamos igual, luego somos formados de la misma materia.
Incluso las reacciones son las mismas en ocasiones. Así se conocen estados comunes de nuestro mundo sentimental que, con pocas diferencias, son idénticos y reciben nombres genéricos: soberbia, ira, celos, envidia, etc. Cada individuo tiene un ingrediente particular que le hace ser distinto. Es su temperamento.
Se nace con un temperamento como se nace rubio o moreno, alto o bajo. Ese temperamento produce el carácter. Me gustaría extenderme sobre temperamento y carácter en las personas. Diré solo por ahora que las personas somos en el fondo de la misma naturaleza, y que muchos factores nos hacen ser distintos.
Francisco Tomás Ortuño
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